Seis uvas blancas que deberías de probar en tu vida

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Seis uvas blancas que deberías de probar en tu vida . En este país el vino se pide por marca o por Denominación de Origen o región de procedencia, aunque apenas se conozcan 3, las 3 R: Ribera, Rioja y Rueda.  

Por el contrario, en los países que se estrenan en la afición por el vino, que son casi toda América y Asia y Oceanía, se pide y se compra por la variedad de uva. Parece más lógico, ya que la uva es el ingrediente único del vino, el que le proporciona su sabor, sus aromas, su color, su textura… Si bien se modifican ligeramente según dónde nace y cómo se elabora. Su procedencia (la D.O., la bodega) imprime características diferenciadoras, pero no cambia la personalidad de cada variedad de uva. Por eso vale la pena conocerlas, distinguirlas, diferenciarlas y así saber lo que nos apetecen cada momento y saber pedirlo.

El momento actual es el verano, generalmente seco y en buena parte de la geografía española, soleado, caliente, incluso ardiente. De modo que, al menos durante el día, hasta que caiga el sol, nos van a apetecer tragos refrescantes. El llamado Tinto de Verano, la Sangría sin azúcar o la Cuerva con frutas ácidas son una opción, pero para disfrutar el vino en toda su pureza, sin diluir y a la temperatura más favorecedora, hay variedades infalibles y tipos de vino que además de refrescar ofrecen la sensación de plenitud, de exquisitez y una grata memoria.

Entre los blancos la oferta de este país no acaba en Albariños y Verdejos. Con Airén o con Viura, que no gozaban de buena fama, se están elaborando hoy tragos notables, por no hablar de la reina internacional, la Chardonnay y otras más locales y menos conocidas

Seis uvas blancas que deberías de probar en tu vida

Xarello desde el Brunch

Es la variedad que reina en la D.O. Alella, donde también se llama Pansa Blanca, y en el Penedes. Es muy aromática, recuerda frutas cítricas como el pomelo, el limón, incluso ese italiano tan especial llamado bergamota, de modo que resulta muy refrescante y a la vez muy envolvente, amorosa,duradera.

Junto con la Macabeo (Viura) y la Parellada completan la receta tradicional de los cavas catalanes, que son el 90% de los espumosos de este país. Y los espumosos, gracias a la deliciosa acidez que les proporciona el carbónico, son doblemente refrescantes y muy versátiles, desde el brunch – ese desayuno perezoso con bocados salados y dulces- hasta la copa de noche, dada su gran diversidad, tanto de estilos como de precios.

Cómo se bebe un espumoso? En la Bodega de Ana, un programa de A PUNTO TV con Ana Lorente

Viognier, inolvidable

Llegó desde Francia, desde las orillas del Ródano, y poco a poco va demostrando que le sienta muy bien adaptarse a nuestro clima. En las dos Castillas o en Jumilla se hace aún más expresiva, el calor y la madurez le dan cuerpo y permanencia, aroma de melocotones, mango y refrescante piña y flores. Tonos frutales que aún crecen más en boca con un tacto meloso y untuoso, y se prolongan limpios y frescos. Con esa potencia se acomoda bien a los platos exóticos aromáticos , como las cocina vietnamita o tailandesa y tambien a las carnes blancas y las aves salseadas.

Garnacha Blanca, otra historia

Aragón y Terra Alta , tierras duras, secas y agrestes, son la patria de esta joya que, sorprendentemente no se conoce lo suficiente fuera de esas tierras. Para que riegue nuestro verano solo hay que vigilar el grado, porque es una variedad que tiende a ser generosa en alcohol. Pero los enólogos la conocen bien y saben refrenar sus excesos sin perder su riqueza frutal y mineral y dejando que luzca su cuerpo potente y sedoso. Asi mantiene una riqueza de aromas de campo, de hierbas  silvestres, anises y flores, que alegran el fondo de piedra dura y sal. Su final con un leve amargor contrasta con su amabilidad casi golosa y hace que apetezca otro trago, y otro y otro.   

Va muy bien con pescados grasos, los reyes del verano, desde sardinas a caballa o al eterno salmón, y acompaña aguantando bien el pulso a quesos untuosos.

Godello

Se va imponiendo en su competencia con la Albariño y es que son como dos piernas para recorrer este verano el Camino de Santiago desde El Bierzo, donde nacen y crecen muchas de las grandes marcas elaboradas con esta uva. En esa competencia y para forzar las diferencias vale la pena acudir a Godellos criados y Sobre Lias, es decir, que después de la fermentación se dejan reposar un tiempo sobre los restos de las levaduras de fermentación , y esos diminutos cuerpecillos le regalan al vino un tacto untuosos, aromas más complejos y, en general una riqueza que también se puede disfrutar en pleno invierno. O en esas noches que refresca y apetece en la terraza del restaurante un plato caliente, un chal… y un Godello.

Hondarribi Zuri

La autóctona del país vasco, en blanca o en tinta, es la madre de todos los Txakolís. Una uva tan heroica como los viticultores que la han mantenido, en medio de un clima endiablado, con una humedad cruel capaz de criar todos los bichillos enemigos.  Pero ahí está, y según dicen los bodegueros actuales, el cambio climático está de su parte. Incluso les permite cultivar de forma ecológica, sin ayudas químicas, y madurar de forma que genere aromas amables, envolventes y muy personales y que se modere la tradicional acidez , que hoy resulta estimulante, refrescante y apto para sentarse a la mesa como un exquisito acompañante, no solo para chatear en el recorrido de tapeo tan tradicional en la región.

Su mejor compañía son maricos, como los escasos percebes de esa zona cantábrica y pescados delicados, como su merluza.

Palomino, mas que fino

Los vinos del sur han sido los más famosos de este país, los que cantaba Shakespeare, o Alan Poe, los que importaban los zares de Rusia y las reinas de Inglaterra. Y ahí siguen. No debemos olvidarlo. De Palomino nacen los Finos y las Manzanillas, el mejor acompañamiento para los mariscos sureños a la plancha y también para el sushi y los cebiches tan de moda. Porque es el único capaz de soportar la acidez de un bocado y no perder su carácter, su complejidad, sus deslumbrantes aromas especiados y punzantes, profundos, largos, mudables y siempre vivos. 

Las elaboraciones de Palomino y de Pedro Ximenez como vinos blancos de mesa son una creación moderna y realmente eficaz para competir con el clima de la zona, pero donde la uva logra su plenitud en esos vinos generosos, los finos, los olorosos, donde el tiempo, la madera el efecto de un mágico “velo de flor” los hacen diferentes a todo en el mundo. Inmejorables para el apreritivo.

Por supuesto, las tentaciones del momento son los blancos y rosados, pero también hay momentos para tintos, sin necesidad de hielo.  Ya hablaremos de esos.

Diferencias entre fino y manzanilla

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