9 dulces con nombre raros

Si bien en la primera entrega de platos con nombres raros se podía encontrar un poco de todo, en los postres no hay medias tintas: prácticamente todo es una burrada. La vida del pastelero en su obrador y de la monja en su convento, los principales productores de dulces, era dura y entregada. Ponerles nombres vulgares a sus creaciones les proporcionaba un poco de inocente diversión; la única consecuencia fue estigmatizar a su localidad por los siglos de los siglos. Bah, un pequeño precio, pensarían.

Tetillas de novicia

Hay nombres que hacen imposible figurarse a quienes tuvieron la idea, pero hay otros que dibujan muy rápidamente una imagen mental del autor. En este caso no es difícil imaginarse a un anciano medieval (de 35 años probablemente) babeando al paso de las jovencísimas nuevas monjas mientras comía un bizcochito puntiagudo típico de Chinchón. Es posible que nombrar así al bizcochito le produjera algún tipo de consuelo a este viejo verde.

Tetillas de monjas
Tetillas de monjas
Pedos de monja

Y como la sociedad no perdona la edad a las mujeres, lo que antes eran lujuriosas tetillas se han convertido en vulgares pedos. Pero no hay que pensar mal: en realidad, el nombre es fruto de un error. Los pedos de monja o pets de monja son unas galletas catalanas tradicionales. Las inventó un pastelero italiano asentado en Barcelona y se supone que su nombre original, “petto de monca”, hacía referencia al pecho de las monjas. Viendo su forma de bolita con pezón, tampoco creemos que mejore mucho la cosa.

Pedos de monja

Brazo de gitano

Racismo y violencia en un mismo postre; sólo lo superaría el Ku Klux Klan luchando a tartazos. Las hipótesis sobre por qué se bautizó de tal manera a esta lámina de bizcocho genovés enrollada y rellena son principalmente tres. La primera sostiene que se debe a un dulce que un monje de El Bierzo trajo a España desde Egipto bajo el nombre “brazo egipciano”. La falta de logopedas de la época hizo el resto. Otra pone el foco sobre los recortes de pastel que llevaban los artesanos gitanos enrollados en los brazos tras recibirlos como pago cuando arreglaban algo en un obrador. Y la última va al grano y apunta a la similitud entre el color tostado de la parte exterior del bizcocho y el tono habitual de piel de los gitanos.

Brazo de gitano
Brazo de gitano
Chochos charros

Estos chochos con denominación de origen salmantina tienen el mismo problema que sus homólogos salados: se prestan a confusión. Para que tengas las cosas claras: si viene en una bolsita de plástico, se hacen con azúcar, almendra y canela y tienen forma de peladilla, es un chocho charro.

Chochos

Huesos de santo

Pese a que los esqueletos de los santos deben reposar en cristiana sepultura, el 1 de noviembre no tenemos ningún problema en desenterrarlos y zampárnoslos. Este dulce típico del día de Todos los Santos está hecho de mazapán relleno de yema dulce. Fuera antes el nombre o la forma de huesecillo con tuétano, está claro que los confiteros de antaño un punto pelín macabro tenían.

Huesitos del Santo
Huesitos del Santo
Piononos

Hagamos un pequeño paréntesis entre tanta infamia y disfrutemos de la inocencia de los piononos. Este pastelillo de bizcocho borracho y crema es oriundo de Santa Fe. Nuestro encantador pueblecito de Granada, al contrario que otros, no tenía la necesidad de ensuciar el nombre de sus dulces populares. Sus habitantes elaboraban piononos como ángeles en el obrador y les pusieron un nombre divertido, sin ninguna pulla ni obscenidad… ¿no resulta un poco sospechoso? ¿Por qué esa apariencia de pureza y buen gusto? ¿Qué pecados ocultas, Santa Fe?

Piononos de Santa Fé
Piononos de Santa Fé
Engañamaridos

Esta receta tiene también su versión salada, lo que significa que las esposas de antaño se las sabían todas. Además, no se conoce exactamente qué es un engañamaridos. Una versión dice que se trata de unos buñuelitos onubenses aparentemente voluminosos pero cuyo interior es prácticamente aire. Otra versión defiende que son unos churros en forma de cuerno que elaboraban con mucha guasa las monjas en los conventos. No sé si a los maridos de la época los engañarían, pero desde luego a todos los demás sí.

Dulces orgasmos

Pese a que la publicidad de chocolate nos ha intentado convencer a menudo de lo contrario, ninguna comida produce orgasmos. Ni dulces ni salados. Sin embargo, estas galletitas asturianas en forma de corazón llegan incluso a apropiarse el término. Sinécdoque tan atrevida no se vio desde que unos desgraciados trataron de fumarse unas galletas María.

Dulces orgasmos

Cojones del anticristo

¿Se puede ser más zafio y blasfemo a la hora de nombrar unas dulces rosquillitas? Si se puede, no queremos enterarnos; suficiente tenemos con terminar este post sin que cualquier loco venga a escaldarnos en agua bendita. Los cojones del anticristo son oriundos del Valle de Liébana. Al parecer, su nombre proviene de una discusión entre religiosos en la que uno llamó a otro “testigo de hereje”, que en latín se dice “testiculum”. Esta simpática confusión se aliñó con grosería ibérica y de aquellos polvos vinieron estos lodos.

Conclusión: tras situar en un mapa los lugares de procedencia de estos dulces, comprobamos que en este país en cuestión de dulces, al contrario de lo que se piensa, hay mucha más retranca en el norte que en el sur.

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