El día que una cuchara agujerada cambió el concepto de comer

Desde que el diseño. industrial y la alta cocina se unieron se comenzaron a crear platos, utensilios y vajillas acordes a las necesidades de los cocineros. Uno de los utensilios revolucionarios fue la cuchara colador.

La verdadera revolución de la cocina llegó cuando al simple (y complejo) hecho de cocinar se le unieron otras disciplinas que, en principio, nada o poco tenían que ver con el mundo de los fogones. En 2007 un suizo llamado Luki Huger se incorporó al equipo de El Bulli, reconocido entonces y hasta el día de su cierre en 2011 el mejor restaurante del mundo, para entrelazar sus conocimientos como diseñador industrial a la funcionalidad de un restaurante. Su trabajo duró cinco años y de aquella fusión de conocimientos surgieron más de 60 de los grandes artilugios más innovadores y fantásticos que nos ha dado la nueva restauración: las pinzas de empatar, las pipetas, los spray cóctel, la lata caviar para las sferificaciones… y la cuchara colador. 

Curiosamente antes de que la cuchara colador fuera reconocida y presentada como tal, los primeros bocetos de su diseño la llamaban: cuchara Kellogg’s ¡Cómo no! ¿Qué mejor invento para comerse los cereales que una cuchara perforada en su totalidad? Sin embargo, en 2008 Ferran Adrià no invitó a un grupo de periodistas en Madrid, nos entregó la fascinante cuchara y nos dijo: “Aquí está la revolución en la mesa. Ahora los comensales en El Bulli podrán comer con esta cuchara, el mejor invento para disfrutar de nuestra sferificación de aceituna” 

Aquello supuso un cambio en el concepto gastronómico. Estábamos viviendo la nueva era donde los restaurantes comenzarían a trabajar con otros artesanos para crear platos y vajilla necesarios para su tipo de cocina. La revolución de El Bulli trajo consigo esa necesidad y creó las ganas en el resto de los chefs que ya entonces comenzaban a dar forma al luego conocido ‘Grupo de los Innovadores’ quienes pronto imitaron al maestro Adrià.

La cuchara colador es hoy un utensilio que ha conseguido meterse en nuestras casas, posiblemente protagonizando ese lugar al que siempre que acudimos pensamos ¿y esto para qué sirve? pero lo seguimos guardando con cariño porque supone una etapa de nuestra historia culinaria.

 

Si os interesa este tema de los inventos de El Bulli junto con Luki Huger, pasaron por la librería y pedir Diseños y esbozos para elBulli (Planeta Gastro, 26,50 euros) una joya.

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