Barbacoa

Manual de supervivencia para barbacoas

El papel de anfitrión de barbacoas no es fácil: tiene un poco de gestor de eventos, un poco de contable, un poco de chef y un poco de TEDAX.

De acuerdo, sólo hace falta tener las capacidades de un chimpancé medio espabilado para asistir a una barbacoa y cumplir su protocolo. Pero ¿y si lo que planeamos es organizar una nosotros mismos? Ahí la cosa cambia. El papel de anfitrión de barbacoas no es fácil: tiene un poco de gestor de eventos, un poco de contable, un poco de chef y un poco de TEDAX. Un anfitrión de barbacoa merece una serie de indicaciones fundamentales para navegar por ese proceloso mar de carbones y grasa chisporroteante. Empecemos por la más básica:

No te auto-incineres

Es una manera llamativa pero dolorosa de morir. Supondría un ahorro en carne para tus amigos, pero es complicado que una pieza tan grande se cocine en condiciones por todas partes. Y tampoco es cuestión de provocarles un trauma. Evítalo.

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Tampoco prendas fuego al entorno

Es verano y el campo está seco. Todas las precauciones serán pocas. Sigue a rajatabla las indicaciones de las autoridades competentes y, si no encuentras un espacio abierto donde celebrar la barbacoa (que será lo más probable), engatusa a tu congénere con chalet más cercano.

Planifica con tiempo

Una barbacoa decente no está lista en 20 minutos. El encendido debe dar paso a las llamas y éstas a unas brasas entre grisáceas y rojizas que mantengan una temperatura constante. Para conseguir esto, hay que calcular el carbón con generosidad y el tiempo con más generosidad aún. Llegado el gran día, es necesario tener la precaución de sacar la carne de la nevera con la antelación suficiente como para que esté a temperatura ambiente cuando llegue el momento de cocinarla pero no tanta como para que empiece a estropearse. Y, por supuesto, ten controlado que las bebidas estén frías desde el momento en que se inaugure la barbacoa. No hay nada mejor que dar vueltas a las chuletitas con una cerveza helada en la mano.

Ten paciencia con las brasas

Las brasas son la clave de una buena barbacoa. Blancas por arriba y rojas por abajo, transmiten calor intenso al alimento sin churruscarlo con llama directa. Cuando la grasa de la carne se derrite y cae sobre ellas, las brasas le devuelven sabor a la carne en forma de ahumado. Ten la precaución de no colocar la parrilla demasiado cerca y todo irá como la seda.

 

No subestimes las tragaderas del asistente a barbacoa medio

Por alguna razón, y sin que se aprecie desde fuera ninguna evidencia física, desde que el cerebro informa al estómago de que va a asistir a una barbacoa, éste comienza a ensanchar sus dimensiones, estirando las paredes y aplastando al resto de órganos para ocupar todo el espacio disponible. La estructura interna cambia. El esófago se refuerza con anillos de hueso y el hígado se pone los guantes de boxeo. Todo es poco para una barbacoa.

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…pero tampoco compres carne como para sobrealimentar un continente pequeño

“Vale, cogemos estos chorizos y esta panceta como entrante. Huy, qué buena pinta tienen esas morcillitas. ¿Tres bolsas de pinchos morunos al precio de dos? Échalas a la cesta. Vamos a por las chuletas y el secreto ibérico. Ay, ¿y no vamos a llevar hamburguesas? Cuánto, ¿medio kilo por persona? ¿Medio kilo de cada cosa por persona?” No dejes que la locura se apodere de ti a la hora de hacer la compra. Calcula raciones razonables por comensal, añade un poquito más por si las moscas y cíñete a esa lista. Y, por favor, incluye verdura. Lo cual nos lleva a…

No ningunees a los vegetarianos

Una guarnición de verduras es lo mejor que le puede pasar a una barbacoa. Compra y prepara pimientos, calabacines, berenjenas y mazorcas de maíz. Y no te olvides de la proteína vegetal: pinchitos de seitán, hamburguesas de soja y verduras, brochetas de tofu sazonado con especias… A no ser que todos los asistentes compartáis dieta, una barbacoa vegan friendly es garantía de un grupo tranquilo y feliz.

No mezcles alimentos crudos y cocinados

Esto incluye no reutilizar la bandeja donde estaban las hamburguesas crudas para poner las asadas. Las bacterias son felices en un entorno cálido y jugoso como una barbacoa, y serían aún más felices en el interior de tu cuerpo si les brindaras la entrada. Mantenlas a raya siguiendo precauciones higiénicas elementales como manipular con sumo cuidado la carne cruda, utilizar papel de cocina para limpiar o no dejar que languidezca la carne ya cocinada fuera de la nevera.

Lleva gorra

O sombrero. O una sombrilla. Un paraguas. Una pamela, si quieres. Crema solar, por supuesto. Con la protección más alta que puedas encontrar en el mercado. No es ninguna broma. Bromas las que te harán tus compañeros de trabajo si vuelves con los mofletes rojos como carabineros.

Incluye en tu kit básico de barbacoa unas pinzas de mango largo, unos guantes resistentes al calor y sal gorda

Las pinzas son básicas para darle la vuelta a la carne sin pincharla. El mango largo nos asegura una cierta distancia de seguridad del foco de calor en cuestión. Los guantes resistentes al calor permiten manipular la parrilla en caso necesario. Y la sal gorda sirve tanto para sofocar las llamas que pudieran aparecer entre las brasas como para una limpieza preliminar de la parrilla aún caliente cuando la barbacoa esté ya en su ocaso. Y para sazonar la comida, claro. Es muy versátil.

Acude a un curso de barbacoas para graduarte en la materia con honores

En el Curso de Barbacoa: Con o Sin Barbacoa que se celebra el 20 de julio a las 19:00 en la Escuela de Cocina A Punto podrás aprender no sólo los fundamentos de una buena técnica de cocción a la parrilla sino cómo cocinar con barbacoa tanto carnes como pescados, ¡e incluso postres! Esto es ya maestría.

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